COSAS MARAVILLOSAS ESTÁN SUCEDIENDO
DOROTHY RIEKE
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Una noche, después de una reunión vespertina de miércoles, una amiga
mía le dijo a otra amiga suya con gran convicción en su voz y muy positivamente:
“No te preocupes por nada – cosas maravillosas están sucediendo”.
Puso tanto énfasis al hacer esta declaración que otra señora la escuchó. Y
de camino a casa estuvo reflexionando acerca de este enfoque tan positivo y
gozoso. Se dio cuenta que esta actitud positiva y gozosa estaba lejos de ser la
actitud que había tenido hasta el momento. Había estado muy preocupada por
muchas razones: una enfermedad incurable que iba empeorando constantemente,
un negocio que había fracasado, y su hijo que se encontraba en una zona muy
peligrosa de Corea. Se preguntó: “¿Cómo puedo dejar de preocuparme?” . La
respuesta le vino como si Dios mismo le estuviera hablando: Porque Dios es
todo lo que existe no hay absolutamente nada de qué preocuparse. De nuevo
se preguntó: “¿Cómo puedo alegrarme y afirmar que están sucediendo cosas
maravillosas?”. La respuesta que le vino fue: Porque Dios es todo lo que existe,
y Él está expresándose a Sí mismo, y los resultados tienen que ser
Maravillosos.
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Esa noche de camino a casa se propuso rechazar el preocuparse pese a lo
que ocurriera en su cuerpo o en sus asuntos. En su lugar, iba a regocijarse
consistentemente porque estaban sucediendo cosas portentosas. Comprendió que
la base de este enfoque positivo y alegre era Científico porque estaba
plenamente convencida que Dios es Todo y que Dios está realmente
expresándose a Sí mismo. Permaneció firme en su práctica de esta actitud
científica, positiva y gozosa. Como resultado sanó muy rápidamente y su negocio
prosperó como nunca.
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La nuera de esta señora estaba enferma y vino a pedirle ayuda a su suegra.
También estaba preocupada por muchas cosas: Por su propia enfermedad, por
problemas en su trabajo de maestra. Además estaba muy intranquila por el joven
que estaba en la zona peligrosa de Corea (durante la guerra) porque era su
marido. Su suegra compartió este enfoque positivo y alegre con ella, y le dijo
que se habían manifestado cosas maravillosas desde que había puesto en
práctica esta actitud con firmeza. La nuera decidió que ella también,
independientemente de lo que se presentara en su cuerpo o en sus asuntos, se
negaría a preocuparse consistente y firmemente. El resultado fue que sanó.
Trasladaron a su marido a su país, a un lugar tan cerca que parecía que ya no
estaba en el ejército. Todo se solucionó armoniosamente en su escuela. Y
además hubo un incidente que debo compartir con ustedes.
Un día una niñita acudió a ella y le dijo: “Tengo una amiguita que quiere
quitarse la vida porque sus papás ya no se quieren, tampoco la quieren a ella, su
vida familiar es horrible y realmente desea suicidarse. ¿Qué le puedo decir?”. La
maestra estaba completamente inmersa en esta manera de pensar positiva y
alegre y la compartió naturalmente con la niñita en términos inteligibles para ella.
–“Dile a tu amiguita que no importa lo mal que parezcan marchar las cosas en su
hogar, simplemente porque Dios la ama, Él hará que tengan lugar cosas
maravillosas. No obstante, ella debe saberlo, tener fe en ello y regocijarse por
esta razón”. Pasó alrededor de una semana, la niñita vino a la maestra y le dijo:
“Tengo que confesarle algo, yo era la niña que quería suicidarse. Pero fui a casa y
le dije a mis padres lo que usted me había dicho, y ahora ellos se quieren y me
quieren a mí. Mi hogar ahora es magnífico y no me quitaría la vida por nada del
mundo”. La maestra se lo contó a su suegra y ésta contó el testimonio. Mi amiga
escuchó como esta declaración positiva y gozosa, que ella había compartido en
una reunión vespertina de miércoles, había alcanzado y bendecido a tantas
personas porque todos la pusieron en práctica.
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Hay dos conclusiones muy importantes que he sacado de este testimonio.
La primera, que no importa si la persona es una Científica Cristiana que ha
estudiado esta Ciencia durante años y está desalentada, o es completamente
nueva en la Ciencia Cristiana o no sabe que es Científica, para que la actitud
positiva y alegre la sane. De cualquier manera sanó a todas. La segunda, que no
importa si el problema es de negocios, enfermedad incurable, ubicación en una
zona peligrosa, condiciones físicas difíciles, problemas relacionados con la
enseñanza o problemas de relaciones humanas. La misma actitud positiva y
alegre los sanó. Y la curación todavía continúa.
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He compartido este testimonio por todos los Estados Unidos y en todos los
países en que pude dar testimonio. Me siguen llegando informes de todo el mundo
diciendo: “Yo también estoy firme al regocijarme porque no hay
absolutamente nada de qué preocuparse y porque están ocurriendo solo
cosas maravillosas”. Y me cuentan de curaciones que han experimentado
muchos, como consecuencia de haber compartido este enfoque positivo y
gozoso.
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La última vez que mi esposo hizo una gira de conferencias por Alemania y
Suiza de habla alemana, pasamos un mes en Munich, como preparación para las
conferencias en alemán. Oré para que Dios me usara de una forma en la que
pudiera bendecir verdaderamente. Bien, ¡Él así lo hizo en verdad!. Dios me dijo
que tuviera este testimonio traducido al alemán para que pudiera compartirlo los
miércoles por la noche. Una magnífica Científica Cristiana me lo tradujo y me
enseñó a leerlo correctamente. Cada miércoles en la reunión de la noche leía el
testimonio en alemán. Al final de cada reunión los alemanes se apresuraban a
agradecerme el maravilloso testimonio, y por supuesto me hablaban en alemán
muy rápidamente, ya que no podían pensar que alguien que pudiera leer el
alemán tan bien no pudiera entender lo que decía. Entonces les decía en alemán
que hablaba muy poquito alemán. Desde ese momento nos llevamos muy bien. Y,
¿saben? Todavía estoy recibiendo emocionantes informes desde Alemania sobre
el hecho de que cosas maravillosas están teniendo lugar porque las personas se
niegan a pre ocuparse.
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Una de las experiencias más conmovedoras que he tenido fue en un
pequeño pueblo de Suiza. Mi marido iba a dar su última conferencia en alemán un
domingo por la tarde. La gente vino no sólo de esa parte de Suiza sino que
muchos vinieron de Alemania. La conferencia se iba a realizar en el salón de baile
del hotel. Este edificio tenía más de trescientos años. Era uno de esos antiguos
edificios pintorescos hechos de ladrillo y argamasa pintado de blanco y tenía un
armazón de madera negra. Mucho antes que hubiera llegado toda la gente al
salón, el dueño del hotel se estaba estrujando las manos. Dijo: “No podemos
permitir entrar a más gente, el edificio es demasiado antiguo y puede
derrumbarse”. Mi marido solucionó el problema empezando la conferencia antes
de la hora fijada y dando una segunda conferencia. Debido a que esta gente
nunca había tenido una experiencia similar y no sabían qué hacer, me encontré
dirigiendo la situación. Me quedé afuera del edificio durante la primera
conferencia. Mientras estaba regocijándome por la cantidad de personas que
habían venido a la conferencia una señora se me acercó. Me dijo que venían de
muy lejos. El resto de la familia, a excepción de su madre, estaban escuchando la
primera conferencia. La madre no podía caminar. La habían traído sabiendo que
no iba a poder escuchar la conferencia, pero pensaron que mi esposo podría
hablar con ella.
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No obstante, me dijo que para cuando se acabara la segunda conferencia
iba a ser demasiado tarde para que ellos emprendieran el regreso a casa. Por lo
tanto, ella sabía que a su madre no le iba a ser posible hablar con él, pero me
pidió si yo podría hacerlo. Créanlo o no, hablé con esa señora durante veinte
minutos en alemán. Dije cosas en alemán que jamás hubiera soñado que pudiera
decir. Tenía la copia del testimonio en mi cartera (el que había estado leyendo en
las reuniones) y se lo di. Le dije que si ella hacia exactamente lo que la gente en
ese testimonio había hecho, ella también sanaría. Pueden imaginarse la
satisfacción que tuve cuando me devolvió el testimonio con una carta diciéndome
que había sanado totalmente.
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DIOS ES TODO
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La declaración “No estoy preocupado por nada, cosas
maravillosas están teniendo lugar” no es una fórmula, ni una actitud escapista
de ver solamente lo bueno a pesar de lo malo. La declaración: “No estoy
preocupado por nada” está fundada en la más importante de todas las leyes
metafísicas, la ley que Dios es TODO. Debido a la TOTALIDAD de DIOS es por
lo que no hay absolutamente nada de qué preocuparse. Pensemos sobre la
totalidad de Dios por unos instantes. Escuchen algunas de las declaraciones que
Dios mismo hace, según se encuentran en el libro de Isaías: “YO SOY EL SEÑOR
Y NINGUNO MÁS HAY. NO HAY DIOS FUERA DE MÍ”. “YO SOY EL PRIMERO,
Y YO SOY EL POSTRERO, Y FUERA DE MÍ NO HAY DIOS”. La Sra. Eddy
atribuye gran importancia a esta ley de la metafísica, que DIOS ES TODO. En
Unidad del Bien (pág. 7) se refiere a ella como una proposición que se demuestra
por sí misma y un punto incontestable en la Ciencia Cristiana. En No y Sí declara:
“La ley de Dios se resume en tres palabras: ‘Yo Soy Todo’, y esta ley perfecta
siempre está presente para rechazar cualquier pretensión de otra ley” (pág. 30:
12-15).
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Encuentro gran inspiración al contemplar la totalidad de Dios en la
declaración que se halla en Ciencia y Salud: “La Mente insondable está
expresada. La profundidad, anchura, altura, poder, majestad y gloria del
Amor infinito llenan todo el espacio”. (pág. 520: 2-4). Estoy segura que todos
ustedes de manera individual han estado capacitándose para comprender esta
infinitud de Dios. De alguna forma me parece sentir profundamente Su totalidad
cuando digo: “Estoy justo en medio del mismo Dios. Cincuenta billones de
kilómetros a mi alrededor no hay nada más que Dios. Cincuenta billones de
kilómetros más allá de ellos, y más allá de ellos, y más allá. ¡No hay nada
más que Dios! Por consiguiente, no hay absolutamente nada que me toque
sino Dios. No hay nada que me influya, me condicione, gobierne ni controle
más que Dios.”
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En el libro de texto leemos: “Puesto que Dios es Todo, no hay lugar para
su desemejanza” (Pág. 339:8-9). No puede existir Dios y un accidente, una
guerra, un terremoto, tornado ni ningún tipo de caos. Sólo existe Dios. No
puede existir Dios y problemas del corazón, tumores, cáncer, parálisis,
epilepsia, resfriados, dolencias, ni ninguna clase de enfermedad. ¡Solamente
existe Dios! No pueden coexistir Dios y una creencia en el error. Porque esta
ley censura hasta una pretensión o creencia contraria a la totalidad de Dios
no hay ninguna pretensión o creencia, sueño ni ilusión, lo único que hay es
Dios.
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¿Cómo reprende la ley de la totalidad de Dios hasta una pretensión o
creencia en otra ley? Lo hace porque la Mente divina, insondable, infinita, eterna,
es la única Mente, y no hay otra mente, ninguna mente mortal puede siquiera
albergar una pretensión o creencia en algo que se opone a Dios. Lo único que hay
es ¡la Mente divina! Es fantástico que no importa cuál sea el error, entendemos
que es completamente inexistente, enteramente imposible por la simple presencia
de la TOTALIDAD DE DIOS. Por eso cuando decimos: “No estoy preocupado
por nada”, realmente queremos decir que debido a la totalidad de Dios, no hay
absolutamente nada de qué preocuparse. Fue por la totalidad de Dios por lo que
resultó imposible que una mujer tuviera una enfermedad incurable, imposible que
un hombre estuviera en una zona de peligro, imposible que hubiera problemas en
una clase, imposible que marido y mujer no se amasen, imposible que una carrera
en los negocios se arruinara e imposible para una niñita quitarse la vida.
Una joven que estaba sola trabajando en una oficina, de pronto se sintió
presa de severos dolores y se dio cuenta que había perdido la capacidad de
hablar y que se estaba desvaneciendo. Lo único que pudo pensar fue Dios, y
repitió la palabra mentalmente a medida que iba perdiendo el sentido. Un tiempo
después, cuando empezó a volver en sí, nuevamente estuvo consciente sólo de
Dios. Finalmente pudo decir la palabra, pero no le vino nada más. Por eso repitió
la palabra “Dios” hasta que pudo decir “Dios es”. Encontró que su pensamiento se
iba aclarando y repitió “Dios es” hasta que pudo decir “Dios es Todo”. Estaba tan
agradecida y tan feliz de haber podido comprender, reconocer y expresar la
totalidad de Dios, que pronto se encontró manifestando sólo perfección. Su
curación fue completa y permanente.
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¿No es acaso extraordinario que por la totalidad de Dios no tenemos que
preocuparnos por nada? A propósito ¿qué los preocupa? ¿la salud? ¿la familia?
¿la iglesia? ¿la provisión? ¿la situación del país? ¿los asuntos mundiales? Les
pido a todos ustedes que repitan conmigo: “No estoy preocupado por nada,
porque Dios es Todo, no hay nada por lo que preocuparse”.
DIOS ESTÁ EXPRESANDOSE A SÍ MISMO
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La Segunda Ley Metafísica básica en la que se apoya nuestra positiva y
gozosa declaración es que Dios se está expresando a Sí Mismo. Es
estimulante darse cuenta que Dios, que es Todo-en-todo, es un Dios divinamente
activo. Simplemente contemplando a Dios como Vida podemos ver muy fácilmente
que el ser divinamente activo jamás se interrumpe. Contemplando a Dios como
Mente vemos que nunca puede haber cosa tal como una Mente divina que no
piense, que no sepa, entienda, comprenda y exprese. Contemplando a Dios como
Amor, es imposible pensar en Dios como Amor y no darse cuenta que Él
siempre está amando activamente a Su creación perfecta.
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Escuchen simplemente la actividad de Dios como la expresa el salmista: “El
que se cubre de luz, que extiende los cielos, que establece sus aposentos entre
las aguas, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del
viento; Él fundó la tierra sobre sus cimientos. Tú eres el que envía las fuentes por
los arroyos; dan de beber a todas las bestias del campo; Él riega los montes, Él
hace producir el heno, Él plantó, hizo la luna, Él abre la mano, Él mira a la tierra;
toca los montes”.
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No es de extrañarse que David haya exclamado: “¡Cuán innumerables
son tus obras, Señor! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus
beneficios” (Salmo 104). Y así, porque tenemos un Dios divinamente activo, es
que cosas maravillosas están sucediendo. Puesto que nuestro Dios es perfecto,
omnipotente, omnipresente, omnisciente, está expresando todas Sus cualidades
en perfecto equilibrio, y “cosas maravillosas están sucediendo”. ¡Cómo este solo,
único y divinamente activo Dios hace todo en el universo! No solamente lo crea
todo, lo sabe todo, lo entiende todo, lo expresa todo, sino que también lo regula,
gobierna y controla todo. El regula las relaciones, las asociaciones y todo lo que
nos rodea. La definición de Mente en el Glosario (CyS 591:17) dice: “… la
Deidad, que delinea pero no es delineada”. El hecho de que Dios hace todos
los planes, lo delinea todo, es una verdad básica muy importante que debemos
aceptar al esperar que ocurran cosas maravillosas. Dudo que haya otra
declaración que yo haya dicho más a menudo que ésta: “El plan de Dios para mí
está operando y no hay poder ni presencia que pueda interferir con él”.
Deseo hablar sobre esta declaración en relación con las cosas maravillosas que
están sucediendo.
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No hay nadie entre nosotros que en alguna oportunidad no haya tenido que
dejar que esta gloriosa verdad actuara en su experiencia, para encontrar el
empleo correcto, elegir el apartamento correcto, comprar el auto correcto, escoger
la universidad correcta, afiliarse a la iglesia correcta, tomarse las vacaciones
correctas, casarse con la persona correcta. Al tomar cualquiera de estas
decisiones, debemos regocijarnos consistentemente en que es el plan de Dios
para nosotros el que está actuando, para estar absolutamente seguros de que es
Dios quien está delineando y no nosotros mismos.
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Hay cuatro verdades básicas que me encanta contemplar, comprender y
regocijarme en ellas. Estas verdades se fueron desarrollando en mí en una época
en que creí que tenía un problema sin solución. Ni siquiera podía concebir que
Dios tuviera una respuesta. En esos momentos llevé a un niñito y a su mamá a
navegar. Era la primera experiencia de navegar en un velero para este niño de
tres años. La inmensidad del agua le impresionó, y acosaba a su madre con
preguntas: “¿El agua está por encima de mi cabeza?, ¿tapa la cabeza de mi
hermano?”. Con cada pregunta iba siendo mayor la profundidad del mar. “¿Está
sobre la cabeza de papá?. –Sí, el agua tapa la cabeza de papá”, respondió la
madre. El pequeño pensó por un momento, y entonces con una mirada de
absoluta confianza anunció: “Pero no está sobre la cabeza de Dios”.
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