COSAS MARAVILLOSAS ESTÁN SUCEDIENDO-4

COSAS MARAVILLOSAS ESTÁN
SUCEDIENDO
DOROTHY RIEKE
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– 4 –

Solamente estamos reclamando lo que es verdadero acerca de nosotros
mismos. La mentira es que el hombre puede ser infeliz. El hombre, que nunca ha
nacido en la materia, viviendo en el cielo de la conciencia divina, no ve nada, no
escucha nada, no siente nada que lo haga desdichado. Dado que está por
siempre en la presencia de Dios, el Bien, sólo tiene motivos de alegría y éxtasis en
su experiencia. La Sra. Eddy estableció el hecho que el hombre siempre está en el
punto de la alegría cuando escribió en el libro de texto: “El hombre no es un
péndulo, oscilando entre el mal y el bien, el gozo y el pesar…” (Ciencia y Salud,
246:1). Noten que la Sra. Eddy no pone ninguna limitación en la alegría que
expresamos, sino que pone énfasis en que el hombre es tributario a la felicidad sin
límites.

El motivo científico de la felicidad
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Es mucho más fácil demostrar la felicidad, si el motivo para ser felices es
científico. ¿Qué es lo que te hace feliz? ¿Es una persona, un lugar, una cosa? ¿Es
tu hogar, tu iglesia o tu empleo? ¿Son los acontecimientos externos o las
circunstancias humanas? ¿Eres tentado alguna vez a decir que serás feliz
cuando…., o si…..? Sólo hay una base permanente, cierta, segura para la
felicidad, y esa base es Dios. Una y otra vez la Biblia nos dice que nos
regocijemos en el Señor. Ciencia y Salud nos dice en 60:31: “… alcanzaríamos la
felicidad más fácilmente y la conservaríamos con mayor seguridad si la
buscásemos en el Alma”. Regocíjate entonces y sé extremadamente feliz porque
es Dios quien te hace feliz. Sé que muchos habéis escuchado el hermoso solo que
termina diciendo: “Dios es, saberlo es suficiente”. Aboga por el caso a favor de la
felicidad con absoluta convicción de que la simple presencia de Dios es suficiente
para producir gozo y felicidad. Cuando me encuentro tentada a expresar algo que
no sea gozo, abro Ciencia y Salud por la página 520: 2-4 “La Mente insondable
está expresada. La profundidad, anchura, altura, poder, majestad y gloria del Amor
infinito llenan todo el espacio. ¡Eso es suficiente!” Es verdaderamente
conmovedor contemplar la profundidad del Amor, la anchura del Amor, la altura
del Amor, el poder del Amor, la majestad del Amor y la gloria del Amor infinito
llenando todo el espacio. Y después me pregunto “¿Es esto bastante para
hacerme supremamente feliz?” Entonces tengo que admitir que ¡ciertamente lo es!
Es magnífico que nuestra felicidad no puede estar limitada ni restringida por
las circunstancias humanas. Nuestro gozo no depende de si ganamos un auto o
no, o si conseguimos aquel apartamento, o si nos casamos con aquella persona, o
si ganamos las elecciones, o recibimos esa herencia, u obtenemos ese aumento
de sueldo, o experimentamos esa curación. No, nuestra felicidad depende
únicamente del hecho que Dios es. Por esta razón, nuestro gozo y felicidad jamás
nos pueden ser quitados, porque Dios nuestra sola y única causa para la felicidad,
siempre está con nosotros.

La alegría es causa y no un efecto

Los que escucharon la conferencia de mi esposo titulada “Descubriendo
relaciones armoniosas mediante la Ciencia Cristiana” pueden recordar la
pertinente ilustración que usó al hablar del óleo, el aceite, de la alegría.
Primeramente advirtió que decir: “Seré feliz cuando suceda tal cosa o si cambia tal
circunstancia” en realidad es posponer nuestra felicidad o nuestro cielo. Asemejó
dicha actitud a la persona que lleva su auto a una estación de servicio porque
despide humo, tiene un olor peculiar y hace ruidos extraños. Cuando el mecánico
le dice que necesita aceite, él responde: “Cuando mi auto tenga un andar suave,
no se caliente demasiado ni haga ruidos desagradables, entonces lo
recompensaré con un litro de aceite”. ¡Qué tontería! El aceite va primero y como
resultado el auto andará bien. Esto es verdad en nuestra experiencia diaria.
Primero debemos verter el aceite, el óleo de la alegría; entonces nuestros asuntos
humanos serán lubricados para que “funcionen bien”.

En realidad, nuestra ocupación humana no cambia nada, se puede ser
mejor maestro, abogado, carpintero, gerente de oficina, contador, ama de casa,
practicista o lector si nos estamos regocijando en el Señor. Nuestro trabajo se
realiza más rápidamente, con menos esfuerzo, con mayor éxito, cuando estamos
cumpliendo con nuestras tareas con alegría y gozo. Es mucho más fácil demostrar
el sentido correcto de hogar, provisión, compañía, empleo y relaciones armoniosas
con nuestro prójimo si reclamamos el gozo que es nuestro.

No solamente es cierto que verter el óleo de la alegría beneficia todas
nuestras actividades, sino que beneficia a nuestro cuerpo y nuestra salud. Si
deseamos ser saludables, deberíamos tomar grandes dosis del óleo de la alegría.
No hay absolutamente ninguna medicina mejor. Remontándonos a la época de
Salomón, vemos que éste reconoció que la salud del hombre está influida por su
pensamiento. Salomón defendió el caso en contra de la infelicidad y a favor del
gozo, cuando dijo: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu
triste seca los huesos” (Prov. 17:22).

¿Alguna vez han oído de una persona supremamente feliz que manifieste
problemas cardíacos, enfermedades cutáneas, artritis, reuma, dificultades
digestivas, tuberculosis o cáncer? No, ninguna de estas pretensiones pueden
manifestarse cuando la felicidad suprema sobre la base de la totalidad de Dios se
está manifestando consistentemente. En efecto, no importa cuál sea la pretensión
física, uno de los pasos más importantes al aniquilar el error es ayudar al paciente
a encontrar su verdadera felicidad. ¡El gozo y la alegría sanan! Recuerden que
Jesús le pidió al paralítico que se regocijara antes de ser sanado.

Una Segunda Lectora de una de nuestras iglesias en mi ciudad
repentinamente se encontró incapacitada para caminar. La condición era
embarazosa para ella además de alarmante, porque había llegado el fin de
semana y se suponía que ella debía leer el domingo y presentar a un
conferenciante el lunes por la noche. Parecía que cuanto más trabajaba en la
Ciencia, más empeoraba su condición. Finalmente, dejó de trabajar. Se tornó a
Dios y dijo: “Padre, no me importa si no vuelvo a caminar, lo que si es importante
es que sé que eres mi amado Padre-Madre Dios, y que yo soy tu imagen y
semejanza”. Dijo al dar su testimonio, que estaba tan feliz, tan emocionada y
entusiasmada, tan extasiada por el conocimiento de que Dios era su Padre y

Madre, que honestamente no le importaba poder caminar nuevamente. Fue
entonces, cuando sanó. Estaba tan animada, tan enternecida, tan feliz, tan
satisfecha, tan contenta porque Dios era su Padre-Madre, que absolutamente
nada más era importante para ella, ni siquiera caminar. ¡No es de extrañarse que
haya sanado! Literalmente estaba poniendo a Dios primero y el caminar le vino por
añadidura.

¿Recuerdan que en el primer testimonio, traje a colación un par de veces
que, independientemente de lo que sucedía en los cuerpos o en los asuntos
humanos de esas personas, ellas rechazaron el preocuparse y se regocijaron
porque cosas maravillosas estaban teniendo lugar? Hoy les pido a todos que
adopten ese mismo enfoque gozoso de las cosas. Sin hacer caso de lo que
parece estar ocurriendo en sus cuerpos o actividades humanas, mantengan su
alegría, defiendan el caso a favor de la felicidad, demuestren arrobo [arrobar es
producir tal admiración o placer que esta persona se olvida de cualquier otra cosa
y de sí misma], sobre la base que Dios es la fuente de su alegría y dicha, y por
esa razón, jamás les puede ser quitada. Entonces, también verán pasar cosas
maravillosas.

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