DOROTHY RIEKE
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LA ACTITUD POSITIVA
¿Cómo te clasificarías como Científico Cristiano? ¿Positivo o negativo?
Recuerda, que en el testimonio que se dio, fue la actitud positiva y gozosa lo que
produjo resultados estupendos. ¿Aceptas la Verdad de todo corazón sin ninguna
reserva? Si lo haces, entonces eres positivo. Si el error parece presentarse, ¿lo
inviertes instantáneamente y lo sustituyes con la Verdad? Si es así, eres positivo.
¿Estás total y completamente convencido y seguro que Dios es Todo y que todo
es perfecto? Clasifícate como positivo. ¿Eres constante, consistente, determinado,
resuelto, firme y hasta obstinado al ponerte del lado de la Verdad? Si es así, date
un sobresaliente con mención especial por ser positivo. ¿Y qué es lo que esperas
anhelante? ¿Estás siempre esperando que ocurran cosas maravillosas? ¿Tienes
una fe absoluta en que sólo puede ocurrir lo bueno? De no ser así, hay poca
evidencia convincente de que eres positivo. Estoy segura que sería imposible
encontrar a un Científico Cristiano negativo en esta Asociación.
LA ACTITUD NEGATIVA
He aquí algunas evidencias que hacen mención a Científicos Cristianos
negativos. La persona que tiene la esperanza de ser sanada, en lugar de saber
que lo será; la persona que cree que la Ciencia Cristiana funciona para todos
menos para ella; la persona que siempre está pensando o esperando que suceda
lo peor. Se escucha con frecuencia “Es demasiado bueno para ser verdad”. Y
¿qué les parecen estos comentarios? “Oh sí, sé que soy perfecto realmente, pero
estoy lejos de manifestarlo”. O, “Tengo un Padre celestial rico, pero Él no ha
compartido ninguna de Sus riquezas conmigo”. O aquel que está seguro un minuto
pero inseguro al minuto siguiente, plantándose firmemente en la Verdad un día,
pero dudando al otro día, decidiendo no abandonar jamás el concepto correcto,
pero haciéndolo ante el primer indicio de error.
Escuchen lo que dice el diccionario sobre la palabra “positivo”.
Comprobarán que es un requisito esencial para ser Científico Cristiano: “confiado,
seguro, firme”. Y me encanta lo que se agrega: “agresivamente seguro”. Otra
definición dice: “que no deja duda”. Ciertamente no queda mucho lugar a dudas
con respecto al desenlace de la experiencia de una persona cuando se la oye
decir: “No estoy preocupado por nada, están ocurriendo cosas maravillosas”. En
nuestro propio pensamiento, en nuestra propia meditación y estudio, en nuestra
propia oración, nunca debería haber ninguna duda sobre la Totalidad de Dios y la
perfección de Toda su creación.
Sólo debe existir la más absoluta convicción que Dios es Todo y que todo
es perfecto. Y cuan importante es al compartir nuestro pensamiento con los
demás, que cada cosa que decimos lleve el toque de clarín de la felicidad, la
confianza, la convicción de que el bien es supremo, y de ello se desprende que las
bendiciones de Dios están siempre disponibles, a nuestro alcance.
DIOS
¿Qué clase de Dios tenemos? ¿Hay alguna interrupción durante la cual Él
no es Todo-en-todo? ¿Hay alguna incertidumbre en Dios como Principio, alguna
desviación en Dios como Verdad, alguna inconsistencia en Dios como Amor?
Santiago nos da una magnífica descripción de nuestro Dios positivo e inmutable
cuando escribe. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del
Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago
1:17). Siendo así, debido a que somos los hijos de Dios, creados a Su imagen y
semejanza, no tenemos otra opción más que expresar las cualidades que no
cambian ni tienen sombra de variación. Todos estamos familiarizados con esa
gloriosa promesa de libertad si conocemos la Verdad. Cuando Jesús dijo:
“Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres” el requisito previo que presentó
fue: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra… conoceréis la Verdad y la Verdad
os hará libres” (Juan 8: 31, 32).
¿Cuándo estamos más conscientes de la presencia de Dios? ¿Cuándo
sentimos Su presencia, vemos Su Totalidad, contemplamos Su universo perfecto,
vemos al hombre perfecto? ¿No es acaso cuando permanecemos en Su palabra?
¿No es cuando mantenemos el pensamiento firme en lo imperecedero, lo bueno y
lo verdadero?. La Sra. Eddy dice: “Mantened vuestro pensamiento firmemente en
lo perdurable, lo bueno y lo verdadero, y lo experimentaréis en la medida en que
ocupen vuestros pensamientos” (Ciencia y Salud, 261: 4). Entonces es cuando la
inspiración de la Mente divina fluye en nuestra conciencia expectante. Entonces es
cuando estamos llenos del conocimiento de la gloria del Señor, cual las aguas
cubren el mar. ¿recuerdan la experiencia de Esteban? Cuando Esteban miró
firmemente hacia el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a la derecha de Dios.
LA ACTITUD DE FIRME DOMINIO
La actitud de firmeza es esencial para la curación. Nuestra Guía nos da una
regla específica para sanar cuando declara: “ Cuando la ilusión de enfermedad o
de pecado os tiente, aferraos firmemente a Dios y Su idea. No permitáis que nada
sino Su semejanza more en vuestro pensamiento. No consintáis que ni el temor ni
la duda oscurezcan vuestro claro sentido y serena confianza, que el
reconocimiento de la vida armoniosa – como lo es la Vida eternamente – puede
destruir cualquier concepto doloroso o creencia acerca de lo que la Vida no es”
(Ciencia y Salud 495:17-25). La actitud de dominio, de plantarse firmemente , de
persistir, de constancia, de mantenerse inamovible, es una exigencia que nos
hace nuestro Padre celestial. Es una ley que ha sido establecida para nosotros,
los Científicos Cristianos. Por tanto, no tenemos alternativa sino que debemos ser
firmes y constantes. Sin embargo, esto no está por encima del alcance del
hombre. Nuestra herencia es dominio. Heredamos el dominio de ser constantes y
firmes de nuestro Padre celestial, en quien no hay variación. Es más, Dios a
sabiendas Le dio al hombre dominio sobre todo. Al hablar de este dominio, nuestra
Guía dice: “Su patrimonio es señorío, (dominio) no servidumbre. Señorea sobre la
creencia de tierra y cielo y está subordinado sólo a su Hacedor. Eso es la Ciencia
del ser” (Ciencia y Salud 518:1).
Controlados por la Verdad, nos vemos forzados a manifestar consistencia e
invariabilidad. Y con Dios como nuestra Mente, gobernándonos y controlándonos,
no nos queda más que estar seguros y ser positivos. La Sra. Eddy nos dice que
nos aferremos perpetuamente al pensamiento de que es el Cristo, el Espíritu
Santo lo que nos capacita para demostrar con certeza científica. Esto aclara
mucho que no estamos solos en nuestros esfuerzos por expresar dominio o
señorío. Dios siempre está a mano; no sólo capacitándonos sino impeliéndonos,
forzándonos a demostrar con certeza, seguridad, sentido positivo, constancia y
persistencia las reglas de la curación.
Noten que al presentar esta declaración, la Sra. Eddy no dice que debemos
tener este pensamiento hoy y no mañana, o que debemos tenerlo por una hora.
Dice: “Mantened perpetuamente el pensamiento”. Por cierto que no hubo duda ni
variación o desviación en su enfoque. Una breve oración que la Sra. Eddy
compartió con una amiga suya me ha permitido expresar mi dominio y firmeza. La
Sra. Eddy se la dio a Laura Lathrop cuando le pidió que estableciera la Segunda
Iglesia en la ciudad de Nueva York: “No hay ninguna otra mente que me tiente,
me dañe, ni me controle. Entiendo esto espiritualmente, y soy dueño de la
situación.” Por la única Mente divina que nos controla, somos incapaces de ser
débiles o de carecer de confianza, firmeza y constancia. Ni siquiera podemos ser
tentados a perder la fe o a estar inseguros. En su lugar, somos los amos de la
ocasión. Somos los hijos firmes, positivos, seguros, confiados, consistentes,
persistentes del único Padre-Madre Dios en quien no hay variación ni sombra de
mudanza.
Me gustaría concluir esta disertación sobre la importancia de ser positivo
con las palabras de Pablo: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y
constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo
en el Señor no es en vano” (1 Cor. 15:58)